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A propósito de la gestión estratégica de la comunicación (II)

Por Yan Cruzate Mendoza
Profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación UPN Cajamarca

 

Hace dos semanas escribí la primera parte de este artículo y propuse un modelo de gestión de la comunicación denominado “modelo funcional de la imagen corporativa”. Sin embargo, en esta oportunidad mi intención es explicar el funcionamiento actual de la comunicación en las organizaciones marcando algunas diferencias en su “gestión” para no caer en las generalizaciones y así evitar los reduccionismos. Claro que consolidar la práctica de la comunicación en un solo modelo es imposible, pero ello no impide avizorar una futura adecuación de la teoría comunicacional en el pensamiento administrativo, lo que permitirá la consecución de otras etapas rumbo al encuentro del modelo funcional. Mientras tanto, el modelo será disfuncional; es por eso que lo he llamado “modelo disfuncional de la imagen corporativa” (ver cuadro).

El manejo de la comunicación es disfuncional porque el sector empresarial carece de un entendimiento correcto de la misma. El sector empresarial desconoce cómo se gestiona la comunicación, y éste es el punto de partida para ubicarnos y entender por qué su gestión no encuentra un espacio reconocido en las organizaciones. Incluso ubicándola dentro de las actividades primarias (marketing) y de apoyo (infraestructura, recursos humanos y desarrollo tecnológico) de la cadena de valor de Porter, existen confusiones en su comprensión. Mientras que en Europa y los Estados Unidos se discute con mucho interés el enfoque sistémico en las organizaciones desde hace ya más de tres décadas (Senge, Kapra), en nuestro medio la mentalidad empresarial enquista en sus profundidades inconscientes las teorías clásicas de la administración y la habilidad para gestionar tangibles. Primero, la comunicación no es un tangible, es el propulsor de los intangibles. Segundo, “comunicar” no es lo mismo que “comunicarse” (¿recuerdan a Chester Barnard en los años 30?). Tercero, “informar” no es “comunicar”: podemos tomar decisiones con la información, pero solo podremos generar valores a través de la comunicación. Cuarto, la comunicación no es un medio, es un fin. Asumir que la comunicación es un medio implica que la consideraremos solo un instrumento o una herramienta que vamos a utilizar para solucionar “problemas a corto plazo” o para estar in en la “moda empresarial” (si los demás tienen una revista institucional yo también tengo que tenerla); no la consideraremos como lo que siempre fue en las sociedades, el elemento integrador de las mismas (¿y de qué hablan los sistemas de información  empresarial? ¿No buscan la integración?). Parece que la integración de los subsistemas empresariales es un fin que buscan hoy las empresas competitivas. Parece que de esa forma los objetivos empresariales serían más alcanzables. Sin embargo, si pregunto a alumnos de administración, contabilidad, economía, ingenierías y afines, estoy casi seguro que la mayoría de ellos me dirá que la comunicación en la empresa es un medio, no un fin. Bajemos esto al llano. Si asumo que en mi hogar la comunicación es un medio, elaboraría un display con las funciones de cada uno de los miembros de mi familia, sus deberes y obligaciones, y el sistema de restricciones y recompensas que se aplicaría. Además, les enviaría correos electrónicos (A Trujillo porque se encuentran allá). Creería que eso basta para lograr su identificación como miembros de la familia y el cumplimiento de sus compromisos filiales con mi persona. ¿Funcionaría? Probablemente, pero no para estrechar vínculos, más bien para imponer formas de conducta interpretadas desde mi punto de vista, sin la opción del consenso. Pero si yo asumo que en mi hogar la comunicación es un fin, me comunicaría realmente (la verdad es que hay que aprender a comunicarnos); pasaría más tiempo con los míos, conversaría más de sus intereses, necesidades y deseos; no importaría si éstos pueden ser satisfechos en su totalidad, bastaría con establecer niveles de empatía y de escucha. El equilibrio, el consenso, la integración y la identificación empezarían a respirarse. ¿Esto quiere decir que dejaría de escribir correos desde Cajamarca o evitaría elaborar un display para ellos? No. Pero serían, ahora sí, simples medios para complementar y reforzar los mensajes que he interiorizado en ellos.

Ahora veamos las disfunciones en el modelo:

Imagen corporativa. Divorciada del planteamiento estratégico general de la empresa. Ésta tiene una definición de imagen que impone al área de comunicación sin previa coordinación. En muchos casos, no existen áreas de imagen, ni tampoco políticas de imagen. No existe una definición, ni comprensión de la imagen corporativa. No existen auditorías de imagen. Además, precisemos que la imagen es el reflejo de la identidad. Eso quiere decir que la imagen no es simplemente el logotipo y los colores corporativos, es el comportamiento de todas las áreas de la empresa en relación a su entorno comercial (clientes, proveedores, competencia, medios de comunicación) y no comercial (accionistas, gobierno, comunidades, medios de comunicación). Imagen no es vestirse de traje y corbata, un estereotipo superado hace tiempo por las empresas globales competitivas.

Identidad corporativa. Se responsabiliza a los empleados de la empresa. Un grave error de comprensión. La identidad abarca la historia de la empresa, sus proyectos empresariales a lo largo del tiempo (nuevos productos, nuevos mercados), sus cambios visuales (branding y naming) o su duración estratégica en el tiempo. La organización se identifica cuando es tomada en cuenta por los niveles jerárquicos superiores y es incluida en el desarrollo de la misma. Se generan los valores. No se publican simplemente y se cuelgan en la pared del servicio de atención al cliente. La cultura corporativa debe ser gestionada, no dejada al azar. ¿Quién debe gestionarla? Aquí existe una responsabilidad compartida entre Recursos Humanos y Comunicación. Recursos Humanos representa al padre en el ejemplo del hogar y el área de Comunicación debería ser quién elabore las estrategias para lograr una cultura organizacional acorde a los intereses de la organización. ¿Cuál es la realidad? La tendencia de Recursos Humanos hacia el manejo de tangibles (planillas, vacaciones, despidos, etc.) y, por lo tanto, hacia la cuantificación de los datos en cifras para explicar aspectos como el clima laboral. Lo mismo sucede con la personalidad corporativa o branding. Se deja en manos de profesionales que no están capacitados para decidir la creación del logotipo, la tipografía y los colores corporativos. Es por eso que son pocas las empresas que cuentan con Manuales de Identidad Visual. ¿Quiénes los elaboran? Conocedores de semiótica, diseño gráfico, marketing y comunicaciones.

Comunicación externa. He observado que cada área con repercusión externa maneja sus propios programas externos. El resultado es que el público percibe que quien se comunica con ellos no es una empresa; sino, varias. ¿Afectará esto a la imagen de la empresa? Se supone que las áreas trabajamos para concretar los objetivos generales, no los particulares. El área de comunicación debería coordinar la estrategia de imagen en el nivel más alto; y apoyar a cada área en la planificación y el diseño de sus propios programas externos. Un sinnúmero de empresarios asevera ejecutar acciones de Responsabilidad Social; pero cuando se les pregunta si cuentan con Políticas Sociales o si publican un Balance Social, desconocen sin más o afirman que no lo necesitan porque sus acciones son mínimas. Podría ser que sus acciones se enmarquen en Inversión Social, Filantropía, Mecenazgo, Patrocinio o Marketing Social. Vaya uno a saber.

Comunicación interna. Utilización de medios para mejorar la comunicación entre los empleados y directivos. La mayoría de veces se encuentra aislada en el display añejo con los mismos informativos o en el buzón de sugerencias que nadie lee. Parece que nadie toma en cuenta que la comunicación interna es el fundamento de la cultura corporativa, y por lo tanto, de la identidad. No se busca la integración. Es más, parecería que no existe ninguna búsqueda. Los MOF con la misma tipografía, obsoleta para estos tiempos. Los informativos en los displays con tamaño 12 que nadie puede leer. Hay más búsqueda de la integración en los displays de los nidos infantiles. Los boletines y correos electrónicos destacan ante la diversidad de elementos que se podrían utilizar para integrar a los colaboradores; sin embargo, se recomienda tener mucho cuidado con el formato y el peso del archivo, el manejo del hipertexto y accesibilidad. Tal vez de todos los aspectos mencionados, la comunicación interna es la más descuidada y envejece paulatinamente ante la mirada insegura del colaborador hacia su jefe.

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